H.M.
Andábamos sin buscarnos, en el borde del mundo....
“A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.”
[...]
“Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.”
O nos llamaremos de otra manera y este será el nombre de banda que nunca fue utilizado.
-Según la historia de Aristófanes que sale en El banquete de Platón, en el mundo mítico de la Antigüedad había tres clases de seres humanos –dice Oshima-. ¿Lo sabías?
-No –respondo.
- El mundo antiguo no estaba compuesto por hombres y mujeres sino por hombres-hombres, hombres-mujeres y mujeres-mujeres. Es decir, que un ser humano comprendía dos personas de ahora. Y así vivían todos satisfechos y felices. Sin embargo, los dioses los partieron a todos con un cuchillo por la mitad. De un corte limpio. Como resultado, el mundo se dividió en hombres y mujeres, y desde entonces los seres humanos van corriendo desesperados de un lado para otro buscando la mitad que les falta.
-¿Y por qué hicieron los dioses eso?
-¿Partir los seres humanos en dos? Pues vete a saber. Los actos de los dioses nunca son fáciles de comprender. Los dioses son irascibles y tienden a ser, ¿cómo te diría?, excesivamente idealistas. Puestos a suponer, tal vez se tratase de algún castigo. Como la expulsión de Adán y Eva del Paraíso que sale en la Biblia.
-El pecado original –digo.
-Exacto. El pecado original –dice Oshima. Y hace oscilar el largo lápiz entre los dedos índice y corazón como si fuera una balanza-. En definitiva, lo que quería decirte es lo siguiente: para un ser humano es muy duro vivir sólo.
Cuando tú estás en el borde del mundo
Yo estoy en el cráter de un volcán muerto
A la sombra de la puerta
Se yerguen las palabras que han perdido sus letras
Al dormir, la luna ilumina las sombras
Pececillos caen del cielo
Al otro lado de la ventana
Hay soldados con el corazón endurecido
(Estribillo)
Kafka está sentado en una silla a la orilla del mar
Pensando en el péndulo que hace oscilar el mundo
Cuando el círculo del mundo se cierra
La sombra de la esfinge sin destino
Se convierte en cuchillo
Y atraviesa tus sueños
Los dedos de la niña ahogada
Buscan la piedra en la entrada
Alza las mangas de su vestido azul
y mira a Kafka en la orilla del mar
"Escogí las palabras, tomándome mi tiempo.
-Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta. De que, yéndome a otro lugar y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre. He repetido una vez tras otra la misma operación. Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido, reinventarme a mí mismo. De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería liberarme de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces. Lo buscaba de verdad, seriamente, y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día. Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte. Por más lejos que fuera, seguía siendo yo. Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas. Por más que el decorado cambiase, por más que el eco de la voz de la gente fuera distinto, yo seguía siendo el mismo ser incompleto. Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales, y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas. Esa hambre y esa sed me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora. En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas, son lo que yo soy. Pero sé una cosa. Ahora, por ti, quiero convertirme en un nuevo ser. Tal vez lo logre. Aunque no sea fácil, tal vez, esforzándome, consiga un nuevo yo. A decir verdad, si volviera a ocurrir lo mismo, tal vez actuara igual. No puedo prometerte nada."
Haruki Murakami - Al sur de la frontera, al oeste del Sol.
Que Murakami me moviliza ya lo he dicho y/o demostrado en alguna(s) entrada(s), pero es inevitable reiterar las citas, porque es la segunda vez en 2 días que leyendo “Sputnik, mi amor” me detengo el único fin de escribir, agarrar el bloc de notas, la lapicera y escribir.
“…A la mayoría de la gente le conviene vivir levantando un biombo que la separe. Porque es más cómodo, más práctico. Pero yo, simplemente, he quitado el biombo. Porque no he podido evitarlo. Porque odio los biombos. Porque yo soy así.”
Y a veces cuando leo cosas me veo. El autoanálisis emerge necesariamente. El fragmento que cito me retrotrae a unas noches atrás, cuando me desnudé, cuando todos nos desnudamos emocionalmente sin temores, dejamos que la tormenta que sacudió Adrogué volara la pelopincho y nuestros biombos personales. Y fue una noche única. Cada vez que estamos juntos hay una ola de felicidad que acompaña a cada uno el resto de los días, pero esta vez fue distinto. Pocas veces, muy poco, me pasó de encontrarme frente a personas y tener la certeza de que son hermosas, de sentir un carño inmenso, ese que hace doler un poco el pecho y llenar los ojos de lágrimas en algún momento.
La gente más linda del mundo me brinda amor, contención y fernet. Y yo soy feliz.
Soy feliz.
Me conmueven hasta el alma.
“Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta… Pero, al final, por más que me alejara, mis carencias siguen siendo las mismas. En cierto sentido, esas carencias son, en sí mismas, lo que soy”.
“En el Shinkansen, el Tren Bala, de camino a Tokio, mientras contemplaba distraídamente el paisaje por la ventanilla, estuve reflexionando sobre mí mismo…. El tiempo que le hice daño a Izumi, también me lo hice a mí mismo. Pero, años después, al volver la vista atrás, supe que sólo había aprendido una cosa importante. La conciencia de que, al fin y al cabo, el ser humano que yo era podía hacer el mal. Jamás en la vida había querido perjudicar a nadie. Pero, fueran cuales fueran mis motivos o intenciones, si me empujaban, podía convertirme en un ser egoísta y cruel. Un ser humano que, esgrimiendo razones plausibles, infligía una herida certera y definitiva”
“Al mirar aquella fotografía me daba cuenta de cuánto tiempo había perdido. Un tiempo precioso que jamás volvería. Un tiempo que, por más que me esforzara, jamás podría recuperar. Un tiempo que únicamente existía en aquel instante y en aquel lugar”
“En mayor o menor medida, todos tenemos experiencias parecidas… Pero, la vida de alguien es, al fin y al cabo, su vida”
...Al oeste del Sol.
¿Puede un ser humano llegar a comprender plenamente a otro?
Cuando deseamos conocer a alguien e invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la esencia del otro? ¿Sabemos en verdad algo importante de la persona que estamos convencidos de conocer?
Haruki Murakami.
"A nadie le gusta la soledad pero detesto que me decepsionen"
