H.M.
Andábamos sin buscarnos, en el borde del mundo....
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Me duelen los músculos de cuanto te amo. Me duelen por abrazarte tanto, por abrazarte tan fuerte contra mí, abrazarte tan fuerte contra mi cuerpo, contra mi ser abrazarte tan fuerte.
Las arrugas me empiezan a saludar de tanto sonreir cuando voy con vos a todos lados, cuando cantamos a los gritos adentro del auto en la ruta, de hacerte conejitos, y tirarte besitos, y decirte te amo gesticulando exagerada sin que salga sonido.
Tengo el corazón inundado, atiborrado de tu amor, con cada despertar y verte, con cada verte y dormirme y despertarme y darte la mano y que me abraces y lavar los platos mientras me tocás canciones y escucharte cantar cuando me estoy bañando y no te puedo ver.
Verte tan lindo, tan rosado, y que me deslumbres con tu aura, me deslumbres la mirada, me llenes de tu luz.
Todos los sentidos te disfrutan.
Todo mi ser quiere que seas parte.
De mi. De este momento.
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Es una mueca que será arruga, que es alegría.
Hace algunos años empezó a interesarme la fotografía, no tenía máquina ni técnica ni idea de donde aprender más allá de gente que me iba cruzando y la magia de internet que me dejaba ver, con tan sólo unos clicks, fotos que marcarían mi búsqueda hasta hoy. Fotógrafos íconos y anónimos, que me mostraron las imágenes más bellas que había visto hasta ese momento.
2005-2007 Existía un fotolog que dejó de vivir junto con mi primer adolescencia, las fotos quedan en un lugar de mi memoria pero lejos de luz.
2007-2009 Comencé a hacer fotos con lo que me encontraba, y el resultado fue este flickr: http://www.flickr.com/photos/doux-sommeils/ . Las fotos retrataban mi vida como la veía, en cámaras prestadas, en ojos que buscaban a través de los sentidos.
2009-2011 Con mi Sony Compacta, que compré gracias a gente como Martín Vecchio y Alexa Bonetto, fui más libre, más feliz y me decidí por fin a tomar unos cursos en el CCR, después en la UNGS, y salí más decidida, buscando, encontrando cosas, conociendo gente. El resultado fue mi segundo flickr, cada uno es un fragmento: http://www.flickr.com/photos/catalina-bahia/ .
2011 Conviviendo con la fotografía como parte de la realidad cotidiana me encontré con Vic y me acerqué al mundo técnico. Con miedos, inseguridades, desconfianza, pero un sostén fundamental. Empezamos juntos un taller de Fotoperiodismo dictado por Lucía Baragli en el Fotoclub de Villa del Parque. Salí a la calle, quería mi equipo y por fin lo tengo. Gentes fundamentales si lo fueron. Hoy empiezo, en carrera pero de cero.
Les Premiers Pas, titula Doisneau una foto que no encontré en internet.... un niño dando sus primeros pasos. Así me siento hoy.
Acá empezamos a ver como siento: http://www.flickr.com/photos/losprimerospasos/
Durante años la había asechado, corrió de ella como pudo, saltando obstáculos, haciendo malabares, conociendo gente, queriendo, amando, olvidando casi todo, recordando sólo cosas lindas, pintando dibujos, tejiendo bufandas o cuadraditos de colores, haciendo grullas, inventando comidas, sacando fotos, haciendo el amor y la guerra.
Durante años se escapó como loca de la rutina, hasta que se convirtió en rutina escaparse e inventar todos los días una cosa nueva. Tan en rutina se convirtió que la enfrentó. Salió de la escuela y volvió a la casa sin hacer ninguna parada más que la verdulería, guardo los platos lavados, cocinó la cena, preparó las clases, se bañó y jugó con Miau Tse Tung, su gatito.
Convirtió en rutina sólo las cosas que la hacen feliz e hizo una lista (no tan inmensa como otras de sus tantas listas) y se propuso una a una, tomándose su tiempo, sin correr más, sin exigir demasiado, sólo disfrutando.
Casi brota una de las decenas de lágrimas que guardaba en los ojos cuando se dio cuenta que era la apuesta más difícil que se hacía con ella misma. Y empieza ya…
Cuando repaso el tiempo pasado me da risa, no lo entiendo, me cuesta creer, es distante, es fácil, es lindo, pero no tanto aunque recién ahora lo sé. El tiempo es loco, sobre todo el pasado. Es movediso. Cuando justo pensás y decís “ahora no”, es, simplemente, y entendés lo que decía Cortazar en Rayuela sobre la lluvia que te cala los huesos cuando salís de un concierto y te dejás ser porque no tenés opción, porque solo a veces pasa, o nunca, pero ahora si.
Vivís, llorás, pensás que amás o amás y te aman hasta que lo haces de la forma correcta o más sana, con la persona ideal. Cuando no es ni aquello ni todo lo opuesto, cuando es, simplemente y sin cambiarle nada.
…algún día creceré y podré volar.
La metamorfosis había pasado hace tiempo y volaban juntos por los jardines de lugares nuevos por conocer, y por los altos techos de una habitación que hoy comparten, tejiendo con suspiros de un amor que ya no busca ser racional, ni mucho menos objetivo, que es sin pensar, sólo sintiendo, siendo.
Ella le deja una notita en la heladera que le recuerda a él cada vez que va a preparar el desayuno que:
“-Mi casa suena armónica cuando hablás vos.
-La cama es más reconfortable.
-Es más dulce despertar.
-Cocinar es divertido (casi siempre).
- Bailar es una actividad cotidiana.
-Soy más libre cuando me contiene tu amor.
-Se respira felicidad”.
Hoy vuelan o caminan o nadan o hacen fiaca en la cama, sonriéndose a milímetros de distancia todas las mañanas que les quedan por vivir.
Hoy aceptan sus alas y disfrutan su vida, intensamente vivida.
Viajamos hasta Boedo para sentarnos en ese bar notable con la idea inquieta de comer algo rico y alguna infusión calentita después de una tarde fría al aire libre en un encuentro de sikuris.
Estábamos los tres merendando, Silvana al lado mío y él enfrente rozando conmigo las puntas de los pies (y cada tanto las miradas, esas que contagian sonrisas).
Hablamos mucho, no se bien de qué, entre strudel de manzana con crema y canela, entre té y café y submarino, entre bocado y bocado hablamos de cosas y reímos y sacamos algunas fotos y seguimos hablando.
Una sucesión de acciones, reacciones y palabras.
Había sido un día muy bonito, esa idea estaba en mi cabeza y se reafirmaba a cada respiro. Y como digo a veces, si la felicidad son momentos ayer estuve feliz (o quizás últimamente es una constante, mirá-lo-que-te-digo).
En un momento me paré para ir al baño y volvió ese dolor, me castigó hace unos meses pero había desaparecido... un dolor en la cadera, metamorfosis de la edad siempre digo yo a modo de broma.... metamorfosis a mariposa decía Sil, siempre más poética y dulce...
Me lo recordó con un susurro y una mirada cómplice diciendo “... es por la metamorfosis...”, y esa palabra nunca había sido más hermosa y más exacta.
Silvana de nuevo me convirtió en mariposa... ahora entiendo de que hablaba cuando hablaba de liviandad, de levedad... de desplegar los brazos como antenas y volar.
Llámate flor, llámate fruta, hija de ti misma, amor predilecto de la sabia señora soledad y viste sus túnicas y collares de semillas y corales y ciñe su cinta ancha a tu cabeza y deja que tu pie camine familiar en su sandalia y que tu soleado ojo conozca el desierto intensamente, igual, enteramente, como a las lluvias que amanecen.
Hoy nos reencontramos. Resulto raro verla sin anteojos, pero estoy segura de que era ella.
Estaba de blanco y tenía un hermoso circulo de colores en las alas mangas de mariposa.
Se paró en un arbusto, en el Parque Rivadavia, muy cerca de mí, y me miró fijamente, para que la reconociera.
La última vez que nos vimos, estaba por ir al taller de fotografía. Viajamos juntas en el tren. Me contó de su enojo con el profesor. Gesticulaba mucho, movía los brazos como antenas, se estiraba y al momento retraía todo su cuerpo. Se quejó varias veces del dolor de espalda, cerca de la cintura y se rió mucho de la idea de que la cadera se le estaba transformando, producto de la metamorfosis propia de la edad. También se acercó y me habló casi al oído de un amor que le estaba doliendo por imposible.
Nos despedimos en el andén de la estación Chacarita y no la vi más, hasta hoy… Me miró fijamente y no sé cómo, pero entendí todo lo que me explicó. Sería la costumbre de entender sus gestos y movimientos de brazos como antenas.
Esa tarde, la última en que nos vimos, llegó temprano al centro Cultural Recoleta, como dos horas antes de lo pactado con el grupo de práctica de fotos. Quedó impactada con la forma en que la luz se proyectaba y aprovechó para sacar fotos de todo lo que la rodeaba. Estaba feliz. Entonces fue cuando se le cruzó un aleteo y lo siguió con la mirada del lente. Descorrió una cortina y se encontró con un universo de mariposas de lo más exótico. No tenía idea de que estaba esa exposición. Sacó fotos de colores, alas, vuelos, flores, y fue ahí, cuando se acercó para enfocar a un hermoso espécimen negro, cuando sintió que la mariposa la miraba a ella, sin parpadear. Milagrosamente, como suele suceder la metamorfosis de oruga a mariposa, Cata se sintió más liviana, se le fueron los dolores de espalda, de cintura, y sintió que la cadera se le acomodaba definitivamente. Comenzó a mover las antenas como brazos gesticulando al hablar y se escapó entre las cortinas.
Esperó en el parque sólo para verme. Sabía que me encontraría hoy, domingo. Me clavó la mirada, segura de que la entendía (yo amaba sus gestos y sus movimientos como antenas) Desplegó sus alas blancas con círculos de colores y se fue decidida a estallar, volando apurada a encontrar ese amor que ya no era imposible. Ya no era imposible para su eternidad de mariposa enamorada.
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Y yo no dejo de quererla hasta el cielo.