
un audio libro de Mikel Efraín Anaya
Lectura/musica, son:
1- Alejandro Arach / Carolina Barenbaum
Fotografía: Catalina López Lovera y Victor Janota

Hoy me puse a ver fotos viejas y otras que no tanto, a recordar momentos y personas que pasaron pero están. Sonreí en todo momento por mucho tiempo, ese que uno dedica a las “cosas importantes: trabajar, estudiar, hacer resúmenes, preparar entregas, planificar proyectos”, ver caras de gente hermosa y lugares que me hicieron abrir de nuevo grande los ojos de asombro y alegría, como esa primera vez que a veces fueron infinidad de momentos y otras sólo una. Porque las primeras veces son hermosas y depende de uno que se repitan o que queden en el tiempo para añorar y pensar que todo tiempo pasado es mejor. Ya lo dijo el flaco “mañana es mejor”, y Minimal que siempre aparece en mi celular con “Hoy”, para recordarme eso, mañana pero hoy. Sin hoy no hay mañana y no nos podemos sentar a esperar, es hoy.
Sos vos, soy yo, son ellos, somos nosotros, no los otros. Somos.
Levantar la persiana, desayunar con el gatito sobre las piernas y salir a la calle sonriendo, con Faringitis o diez puntos. Quedarte adentro sólo si adentro está la felicidad, y si no salir a buscarla y no dejar que se esconda y abrir bien los ojos, siempre, porque si los cerramos perdemos, caemos y nos pasan por encima, esos otros que sólo están para cagarnos encima.
Mirar al pasado para conocer el camino que nos lleva adelante, y que no nos haga tropezar nunca más.
Soy el mismo, como antes, enemigo declarado de la realidad existente, sólo con esta diferencia: que he cesado de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí, la metafísica y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi alma, en el mundo práctico, el mundo del hecho real.
Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación.
Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero; sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente; ella está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud y debo libertarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándole el sentimiento de su fuerza y de sus derechos.
Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro; el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aun y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.
He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo; querer la dependencia de aquel a quien se ama es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería lo más peligroso e infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad.
Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo. Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora.
Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos –no son más que mentiras–; la verdad no es una teoría, sino un hecho; la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual.
Llego tarde al cumple de Cin y me esperan con mates y una mesa dulce, pero además se acordaron de mi vegetarianismo y organizaron un menú paralelo para mi. Todos se preocupan por como anda mi trabajo, mis estudios, mi sobrino… realmente hay un ambiente de hija ausente por la distancia que me hace sentir bien, me siento en familia, ellos también son mi familia. Y al otro día en el cole me esperan con el almuerzo, porque no se si ya dije que tengo compañeros de trabajo que son lo mejor del mundo, nos contenemos y trabajamos por formar la escuela que queremos.
Igual la cosa no para ahí, porque esta es mi semana del amor, como si el mundo se estuviera redimiendo por las semanas chotas que pasé anteriormente… y Mili me invita a visitarla y pasamos horas de charla y un cariño que no para un segundo de crecer entre mates amargos y panqueques de dulce de leche y unos papás soles que se ven hasta en los ojos de Mili, llenos de felicidad. Y es posta. Encima después llego a lo de Sofi que siempre es genia y caigo en la cena familiar, y te pasa que te sentís parte? No es mérito mío, esta gente es entrañable, y me dan de comer entre abrazos y risas y cargadas y mucho cariño. Me siento una malcriada y lo comento. Son como unos días de caricias al alma en abundancia. Y nos acostamos a dormir y creo casi con seguridad que me acuesto y me levanto sonriendo, y con ganas de contar que soy una malcriada feliz y que sólo me falta encontrarme con los Zorros hermosos en un rato para que estos últimos 3 días sean los mejores del año.

Que Murakami me moviliza ya lo he dicho y/o demostrado en alguna(s) entrada(s), pero es inevitable reiterar las citas, porque es la segunda vez en 2 días que leyendo “Sputnik, mi amor” me detengo el único fin de escribir, agarrar el bloc de notas, la lapicera y escribir.
“…A la mayoría de la gente le conviene vivir levantando un biombo que la separe. Porque es más cómodo, más práctico. Pero yo, simplemente, he quitado el biombo. Porque no he podido evitarlo. Porque odio los biombos. Porque yo soy así.”
Y a veces cuando leo cosas me veo. El autoanálisis emerge necesariamente. El fragmento que cito me retrotrae a unas noches atrás, cuando me desnudé, cuando todos nos desnudamos emocionalmente sin temores, dejamos que la tormenta que sacudió Adrogué volara la pelopincho y nuestros biombos personales. Y fue una noche única. Cada vez que estamos juntos hay una ola de felicidad que acompaña a cada uno el resto de los días, pero esta vez fue distinto. Pocas veces, muy poco, me pasó de encontrarme frente a personas y tener la certeza de que son hermosas, de sentir un carño inmenso, ese que hace doler un poco el pecho y llenar los ojos de lágrimas en algún momento.
La gente más linda del mundo me brinda amor, contención y fernet. Y yo soy feliz.
Soy feliz.
Me conmueven hasta el alma.