El momento más lindo del día fue cuando sonreí al escucharlo reírse a carcajadas desde el baño. El regalo cumplió su objetivo.
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El momento más lindo del día fue cuando sonreí al escucharlo reírse a carcajadas desde el baño. El regalo cumplió su objetivo.
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“Durante toda mi vida, he tenido la impresión de que podía convertirme en una persona distinta… Pero, al final, por más que me alejara, mis carencias siguen siendo las mismas. En cierto sentido, esas carencias son, en sí mismas, lo que soy”.
“En el Shinkansen, el Tren Bala, de camino a Tokio, mientras contemplaba distraídamente el paisaje por la ventanilla, estuve reflexionando sobre mí mismo…. El tiempo que le hice daño a Izumi, también me lo hice a mí mismo. Pero, años después, al volver la vista atrás, supe que sólo había aprendido una cosa importante. La conciencia de que, al fin y al cabo, el ser humano que yo era podía hacer el mal. Jamás en la vida había querido perjudicar a nadie. Pero, fueran cuales fueran mis motivos o intenciones, si me empujaban, podía convertirme en un ser egoísta y cruel. Un ser humano que, esgrimiendo razones plausibles, infligía una herida certera y definitiva”
“Al mirar aquella fotografía me daba cuenta de cuánto tiempo había perdido. Un tiempo precioso que jamás volvería. Un tiempo que, por más que me esforzara, jamás podría recuperar. Un tiempo que únicamente existía en aquel instante y en aquel lugar”
“En mayor o menor medida, todos tenemos experiencias parecidas… Pero, la vida de alguien es, al fin y al cabo, su vida”
...Al oeste del Sol.
Por todo, menos cuando...Llego a la Estación de José C. Paz, voy rumbo a Chacarita. Camino por el andén y lo veo. Después de 5 años miro para otro lado, veo que me vé. Nos evitamos la mirada y todavía estamos a una distancia enorme.
Es increíble como dos personas que se conocen evitan mirarse a los ojos a pesar de tener la certeza, ambos, que el otro lo vió. “Cinco años es demasiado tiempo”; me justifico mientras paso por al lado y sigo caminando unos quince metros más.
“Ojalá me mire de nuevo, porque estoy divina”, pienso. Habla mi ego con nombre propio. Al segundo me siento la boluda más histérica, me convertí en esa especie que los machistas llaman “mujeres”. Aunque quizá no es de ahora, quizá todo empezó cuando ese otro flaco me dijo “Sos como todas las minas”. Me maldijo! Como me gusta estar en paz conmigo misma recuerdo que ESTE flaco me rompió el corazón, tengo todo el derecho a disfrutar el hecho de que el tiempo me trató mejor a mí.
El tren no llega pero el que se acerca es él. Él. Se para delante de mío de espaldas. Nunca estuve tanto en pose distraída, me causo gracia y creo que se me nota.
Se detiene el Pilar-Retiro y la gente se amontona, lo pierdo de vista. Cuando subo al vagón veo que hay un único asiento libre al lado suyo, camino nerviosa y me vé. Está en ventaja. Cuando estoy por sentarme las personas del asiento de atrás se paran y cambian de vagón. Es mi oportunidad, me siento en el que quedó libre. Empate. Saco un libro, se da vuelta y me mira, no levanto la vista. Ventaja mía.
Más tarde el tren cruza Av. Corrientes, me paro y bajo. Cuando paso por su ventanilla me reprimo las ganas de decirle con un gesto “Te Odio”.
Pasan los días y le cuento este reencuentro casi olvidado a mi amiga que me dice: “Pero a vos en realidad te gustaba más el otro”…
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…Mis fantasías de desamores adolescentes me divierten más.