En las ruinas de Tiwuanaku, cerca de la ciudad de La Paz, en Bolivia, descubrí los pozos.
Esta cultura pre-incaica construyó habitaciones subterráneas, pozos, para que sus jóvenes pudieran internarse a pensar-se, a madurar, a crecer, a construir sus parámetros y destruir los impuestos, a decidir, a hacerse cargo. Los pozos, en todas las culturas, supongo, son la idea de la edificación del hombre sobre si mismo. Los pozos son necesarios, prescindir de ellos puede hacerlo sentir a uno más liviano pero, y directamente proporcional, también menos responsable de si.
Los pozos occidentales y posmodernos son habitaciones de departamentos alquilados, asientos de colectivo, baño de universidades, cordones de calles nocturnas, abrazos de amigos que aunque uno no diga, entienden.


