25 de agosto de 2010

El principio del fin

Hoy mientras me hacía una (otra) bufanda recordé…

Él estaba haciendo un trabajo con madera, clavos, serrucho y martillo, yo tejía a dos ahujas mirándolo y cebando un mate cada tanto.
“Somos como un matrimonio de los años ‘20” dije y los dos reímos.

Los dos reímos. Yo me asusté y empecé a hablar de sociología.

Fue la última vez que lo vi.

2 comentarios:

milagros dijo...

No hay casualidades sino destinos, no se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo esta escondido en lo mas profundo y oscuro de nuestro corazon.
Porque sino ¿como el encuentro de una misma persona no produce en dos seres los mismos resultados? ¿porque a uno el encuentro con un revolucionario lo lleva a la revolución y al otro lo deja indiferente?. Razon por la cual uno termina por encontrarse al final con las personas que debe encotnrar, quedando asi la casualidad reducida a limites muy modestos.
De modo que esos encuentros que en la vida de cada uno nos parecen asombrosos, no son otra cosa que la consecuencia de esas fuerzas desconocidas que nos aproximan a traves de la multitud indiferente, como las limaduras de hierro se orientan a distancia hacia los polos de un poderoso iman, movimientos que constituiran motivo de asombro para las limaduras si tuviesen alguna conciencia de sus actos sin alcanzar a tener, empero, un conocimiento pleno y total de la realidad.
Asi marchamos un poco como sonambulos,pero con la misma seguridad de los sonambulos, hacia los seres que de algun modo son desde el comienzo nuestros destinatarios

(E.Sabato - sobre héroes y tumbas)

Catalina tenía la rutina... dijo...

Mili sos una hermosa total, como te quiero!!! Nos vemos en estos días, ahora te cito tu cita y la subo acá. Siempre sos amor, loco.