29 de julio de 2008

A medida que crecemos las relaciones interpersonales se vuelven más complejas, sean con parejas, amigos o familia. Uno encuentra más limitaciones y pretende buscar otras cualidades, o no repetir situaciones y se anticipa y lo complica, mirando la simpleza de algún recuerdo que llega del pasado.

Hacemos un culto al primer beso, al primer amor, pura sobrevalorización, puro blah. Todo lo que se hace por primera vez está cargado de emoción más por lo desconocido y próximo a descubrir, que por el hecho en sí mismo.

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A los diez años un nene me dio un beso detrás de un piano en la escuela, algo encantador, dulce pero mínimo e insignificante comparado con el beso que me dio ÉL a la salida del cine hace unas horas.

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